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Martes, marzo 20th, 2012 | Author:

Soldadura blanda con soplete.

El curvado de tubos de cobre y su empalmado mediante racores soldados por capilaridad constituyen dos aspectos importantes de la fontanería. Sin embargo, debido al hecho de que ambas acciones requieren la utilización de un soplete, estas técnicas de acodado y de soldadura han sido esquivadas por el bricolador en beneficio de otros sistemas quizá más simples pero mucho más costosos y menos eficaces.
El empleo de un soplete no presenta, sin embargo, muchas dificultades, tanto si se destina a trabajos de fontanería como a cualquier otra aplicación decorativa que el bricolador tenga que realizar. Lo que en realidad causa cierta impresión es que se trata de un instrumento peligroso, que requiere, evidentemente, unas precauciones en su uso. Señalemos desde ahora que un soplete debe quedar guardado en un lugar aireado y perfectamente estable.

Los diferentes tipos de sopletes.
Existe una gran variedad de sopletes, desde los modelos más sofisticados, reservados al uso de profesionales, hasta las simples lamparillas de soldar, para trabajos corrientes de bricolaje. Éste es el caso de las lamparillas alimentadas con butano, que son de fácil manejo y baratas. Un conjunto de boquillas intercambiables con llamas de diferente poder, multiplica la gama de los trabajos realizables con estos sopletes.
Indispensable como instrumento para soldar, el soplete sirve igualmente para recocer las tuberías de cobre crudo a fin de hacerlas más manejables.
Se puede curvar un tubo de cobre crudo sin haberlo calentado previa mente, pero hacerlo en caliente facilita enormemente el trabajo. La técnica es sencilla: se calienta progresivamente la parte de tubo que hay que acodar hasta que empiece a adquirir un tono rojizo; a continuación se sumerge dentro de agua para que se enfríe rápidamente. Si no hay manera de desplazar el conducto hacia un depósito se vierte agua directamente sobre el tubo. En el comercio se encontrará tubería recocida, pero es mucho más cara que la cruda. Es, por lo
tanto, un gasto que no tiene justificación, ya que el recocido de la tubería no presenta ninguna dificultad.