Tirafondo especialmente estudiado para ser utilizado como fijación directa por simple roscado de las espiras. Conviene haber realizado un taladrado previo, cuyo grosor corresponderá al núcleo interior del tornillo, es decir, descontada la anchura de las espiras. La cabeza tiene hendidura cruciforme (Phillips) y puede cubrirse con tapón de plástico.
He aquí un tipo de fijaciones especiales en que la unión entre las piezas no se obtiene por compresión, sino simplemente por penetración y ajuste de unos elementos que encajan perfectamente entre si. En realidad, se utilizan sólo para uniones entre piezas de bastante peso y en las que interviene la fuerza de la gravedad para consolidar la unión de encajado. A la izquierda y en el centro, elementos empleados para unir travesaños de cama con su cabezal y pie. A la derecha, elementos para que descansen anaqueles o tableros por sus extremos. Todas estas fijaciones van directamente atornilladas a las piezas que unen y en algunos casos requieren un labrado en forma de rebajo.
Diferentes versiones de tornillos con cabeza cruciforme (atornillados en dirección axial o bien normal al eje -como el tornillo de cabeza romana-): tornillos de cabeza Allen (con alojamiento hexagonal) y de ranura simple, con hembras empotrables por roscado, y tornillo con dos cabezas ciegas.
Los tornillos más antiguos se emplearon como fijaciones de partes de mueble que tenían que ser desmontadas eventualmente: a la izquierda, tornillo de cabeza negra, y al pie de la foto, la llave que se empleaba para su roscado desde fuera del mueble. En el centro y a la derecha, dos tornillos de cabeza de muerto (en cierta manera, recuerda una calavera cuando se mira sesgadamente), uno con hembra roscada para ser empotrada y otro de forma más moderna, pero más tradicional, con su hembra cuadrada.
Elementos de fijación.
Los elementos de fijación, conocidos abreviadamente por fijaciones, son accesorios indispensables para la unión entre las partes constitutivas de un mueble u otra clase de construcción (básicamente de madera, pero también de otros materiales) que no deban quedar definitivamente montadas, sino que, llegado el caso, permitan desarmarlas y transportarlas. Actualmente ha surgido gran cantidad de accesorios, de los cuales, si bien especialmente concebidos para la fabricación industrial, conviene que esté enterado el bricolador, ya que contribuirán
a facilitarle sus trabajos.
Las uniones de los distintos elementos que constituyen un mueble o armazón pueden considerarse desde dos puntos de vista: definitivas, es decir, resueltas de tal forma que casi es necesario destruir la obra para desmontarla; o bien desmontables, o sea conseguidas de modo que toda la estructura pueda desarmarse y volverse a montar, habiéndose podido transportar en menor volumen y de manera más cómoda los elementos que integran todo el conjunto.
Las uniones definitivas son básicamente por encolados, que consolidan los encajes y ensambles labrados. En algunos casos pueden das por aquel elemento. En caso de construcciones sometidas a posible oxidación se evitan los tirafondos de acero, sustituyéndolos por otros de cobre o bien de acero tratado especialmente.
Hoy en dia, los tirafondos destinados a fijación eventual se apartan ligeramente de los tradicionales, ya que son menos cónicos, cuando no totalmente cilindricos, y su rosca es más helicoidal y de espiras más agudas para facilitar el autorroscado en las fibras de la madera. Es aconsejable hincarlos tras un taladrado previo, ya que asi las espiras se abren camino en el interior del taladro y no se corre el riesgo de que roscar la hembra suele intercalarse una arandela que reparte la compresión más uniformemente.
Los tornillos que primero se utilizaron sólo podían ser atornillados desde fuera y quedaban vistos tanto la cabeza como la hembra. Un gran avance, en beneficio de una unión invisible aparentemente, fue el empleo de tornillos de cabeza romana o de cabeza de muerto, mediante los cuales la acción de roscado la efectúa la cabeza en lugar de actuar sobre la hembra. Tal acción es así porque en la cabeza existen cuatro perforaciones normales al eje de giro dispuestas en cruz y en cuyos agujeros se puede introducir un botador para imprimir un cuarto de vuelta reiterado. Ello permitió no sólo empotrar la hembra y que quedase completamente escondida, sino también todo el resto del tornillo en una parte interior del elemento que se tenia que unir. Esta evolución del tornillo puede seguirse fácilmente estudiando la manera como se unieron los travesanos de cama a los cabezales y pies de la misma. Asimismo puede observarse en armarios desmontables de finales del siglo anterior y de primeros del actual.
Tanto para la incorporación de un tornillo de cabeza romana como para algún otro tipo de fijación más rebuscada y de la que ya no es posible hoy hallar continuidad fue necesario proceder a unos encajes y labrados para conseguir que, gracias a su empotrado, quedase disimulado el sistema de unión. Este labrado exigía una pericia y oficio que, incluso en tiempos pasados, resultaban caros tanto por la mano de obra
cualificada como por el tiempo que se requería.
No es de extrañar, pues, que se procurase eliminar tales inconvenientes buscando formas más rápidas de unión entre piezas sin necesidad de labrados.
El primer paso en este camino fueron los denominados tornillos hamburgueses, en que se utilizaba el principio del tornillo de cabeza romana, pero en los cuales los dos elementos principales de apretado, en lugar de ser empotrados, eran solidarios de unas piezas metálicas, las cuales se fijaban mediante tirafondos a cada una de las piezas que tenian que unirse. En el curso de estas páginas se exponen varias representaciones de los últimos ejemplos de este tipo de fijaciones, resueltas por superposición y atornillado. Son fijaciones que debe tener muy en cuenta el bricolador que desea ser expedito o que carece de máquinas para efectuar taladrados meticulosos, como se requiere para empotrar otra clase de fijaciones.
Otro camino para simplificar la colocación de fijaciones empotradas fue la supresión de cajeados rectangulares, que deben realizarse manualmente con escoplo y formón (o industrialmente con fresas de cadena u otras máquinas especiales). Esta simplificación estriba esencialmente en piezas redondas cuyo empotramiento e inserción requieren la acción de brocas o fresas accionadas por una simple taladradora.
Basta hacer tres taladros, uno en una pieza y dos de diferente grosor en la otra pieza, para lograr fácilmente el empotramiento de los elementos, que consiguen una fijación estable, pero de quita y pon, entre diferentes partes de un mueble o construcción. Buena parte de las fijaciones expuestas corresponden a este sistema. Algunas de ellas utilizan aún el de cabeza romana y otras consolidan la unión por medio de una excéntrica.
Esta clase de fijaciones, muy robustas y de fácil colocación si se dispone de una máquina universal y de unas cuantas brocas o fresas idóneas, merece ser tenida muy en cuenta por el bricolador que quiera proceder al montaje de muebles, tanto si se trata de madera maciza como de tableros alistonados o aglomerados.
Finalmente citaremos otro sistema de unión muy divulgado recientemente, consistente en la aplicación de los tornillos Alien con unas roscas especiales que se atornillan a su vez en uno de los elementos a ensamblar. Las principales variedades están expuestas en estas fotos, junto con otras deaplicación del tornillo simple con hembras ciegas (es decir, que esconden en el seno de su cabeza el tornillo, proporcionando un acabado más perfecto).
Los listones se cortan a la medida adecuada. Antes convendrá hacerse un croquis a tamaño natural o a escala reducida para determinar dichas medidas en función de las dimensiones de lo que se va a enmarcar. Estas dimensiones corresponderán, con un ligero margen de huelgo, al interior del rectángulo que formarán los listones de menor anchura.
Una vez aserrados los listones a las medidas convenientes se van encolando paulatinamente unos contra otros, alineados simplemente a testa. El apretador para encolados en ángulo será de gran ayuda para realizar un escuadrado perfecto. Hay que dejar que la cola seque por completo antes de proceder al encolado sucesivo.
Obtenido el marco exterior con los listones de mayor anchura, se procede a la superposición de los listones que forman el galce, cuya anchura es inferior a la de los primeros. Estos listones se colocan enrasados con el marco exterior para permitir la formación del galce. Como los listones más anchos solapan a contraveta, aunque sólo sea parcialmente, se obtiene asi un refuerzo estructural de la construcción.
Si los cortes han sido correctos y también el encolado, serán muy pocas las enmiendas a efectuar en las soluciones de continuidad o juntas de encolado a tope. No obstante, bueno será disponer de una masilla de madera para tapar las rendijas que hubiesen quedado. Una vez seca la masilla se lija bien, evitando rayar el veteado.
Confeccionado el marco, ya sólo falta preparar su relleno. En el interior del marco invertido deberán ir colocados, por orden sucesivo: el cristal previamente cortado a medida, la foto y una cartulina para retenerla perfectamente plana contra el cristal. Si se quiere lograr un mejor acabado cabe el recurso de forrar finalmente el marco por el revés con un filme autoadhesivo.
Ha llegado el momento de retener cristal, foto y cartulina en el marco. Esto se logra clavando unas puntas cónicas en el marco por la parte de atrás. Hay que proceder con sumo cuidado para no romper el cristal. Para ello, las puntas se apoyarán contra la cartulina y se irán golpeando con el martillo, descansando éste ligeramente sobre la superficie plana.
Para colgar el marco bastará incorporarle una anillita con plaquita; para mantenerlo de pie se le añaden unos triángulos de madera aserrados en diagonal.
El marco ya terminado y complementado con la foto para la que ha sido concebido. En este caso se ha colgada de la pared y acabado en madera natural contrasta con el fondo de aquélla de un tono algo más oscuro. Inversamente, sobre una pared blanca o de tono más claro hubiera podido convenir teñir o mordentar la madera para ofrecer también un contraste contra el fondo. Todo ello estará en función del grabado, foto o pintura que se haya enmarcado.
Es evidente que si se utilizan molduras con perfiles en relieve más o menos complicados la mejor fórmula de ensamblarlas es por medio de cortes a inglete de 45°.
Ahora bien, una fotografía, un grabado, una pintura misma, no tienen por qué estar orladas por un marco moldurado o tallado y policromado. Es más, la riqueza ornamental del marco que encuadra algunas imágenes puede restar importancia a lo que precisamente se trata de realzar. Un marco exuberante puede incluso anular lo que encuadra. En cambio, un marco liso, de madera de buena calidad, ya sea en su color natural o ligeramente mordentado o con otros detalles de acabado. se comporta de manera neutra y logra, por simple contraste y recortado, que la imagen que ofrece en su interior sea apreciada como es debido. La solución que aquí se ofrece tiene la doble ventaja de que no es necesario trabajar con la meticulosidad de aserrado a que obliga el corte sesgado de 45= y de que la pieza final obtenida tiene gran estabilidad dimensional, pues prácticamente, al superponer por encolado los listones, se logra compensar el trabajo de la madera. Otra ventaja es la de que, al utilizar dos listones de diferente anchura, se forma un galce. en el cual se podrá alojar cuanto se tenga que enmarcar.
En la construcción sugerida se utiliza cola blanca corriente, la cual es suficiente para conseguir un buen resultado si se procede al respectivo apretado posterior de cada encolado sucesivo. Esta medida de seguridad de apriete puede presentar cierta premiosidad en la consecución del marco, pues debe atenderse a que seque la cola en cada fase de trabajo. Por ello recomendaríamos a los que «tengan prisa» en ver el marco acabado que utilicen adhesivo de dos componentes (epóxido) de «secado rápido». Con ello no sólo ganarán tiempo, sino mayor adhesión de las piezas que se encolan. Ello repercutirá en un precio algo más elevado.
En nuestro caso hemos utilizado una caja de ingletes para realizar los cortes de los listones, aunque no es indispensable. Éstos se pueden aserrar perfectamente en ángulo recto, sin recurrir a aquel valioso elemento auxiliar. El que carezca de una caja de ingletes podrá aserrar correctamente si usa un cartabón metálico fijado al listón por una cárcel. El canto metálico del propio cartabón servirá de guía donde apoyar la hoja de la sierra. No olvidar de intercalar entre las mordazas de la cárcel y la otra cara del listón un tarugo o placa que evite dañarlo. Asimismo es importante valerse de un serrucho de costilla de dientes finos para conseguir un corte lo mejor posible. Si el tarugo o trozo de madera que se intercala entre el dorso del listón y la mordaza de la cárcel rebasa la línea de corte, tanto mejor, pues de esta manera se eliminarán los astillados originados por la salida de la herramienta al atravesar el material.
En cambio, es casi indispensable el accesorio de apretado para la unión en ángulo de los elementos del marco. Si bien cabe hacerse una especie de molde de madera para efectuar los cierta premiosidad en la consecución del marco, pues debe atenderse a que seque la cola en cada fase de trabajo. Por ello recomendaríamos a los que «tengan prisa» en ver el marco acabado que utilicen adhesivo de dos componentes (epó-xido) de «secado rápido». Con ello no sólo ganarán tiempo, sino mayor adhesión de las piezas que se encolan. Ello repercutirá en un precio algo más elevado.
En nuestro caso hemos utilizado una caja de ingletes para realizar los cortes de los listones, aunque no es indispensable. Éstos se pueden aserrar perfectamente en ángulo recto, sin recurrir a aquel valioso elemento auxiliar. El que carezca de una caja de ingletes podrá aserrar correctamente si usa un cartabón metálico fijado al listón por una cárcel. El canto metálico del propio cartabón servirá de guía donde apoyar la hoja de la sierra. No olvidar de intercalar entre las mordazas de la cárcel y la otra cara del listón un tarugo o placa que evite dañarlo. Asimismo es importante valerse de un serrucho de costilla de dientes finos para conseguir un corte lo mejor posible. Si el tarugo o trozo de madera que se intercala entre el dorso del listón y la mordaza de la cárcel rebasa la línea de corte, tanto mejor, pues de esta manera se eliminarán los astillados originados por la salida de la herramienta al atravesar el material.
En cambio, es casi indispensable el accesorio de apretado para la unión en ángulo de los elementos del marco. Si bien cabe hacerse una especie de molde de madera para efectuar los
La necesidad obliga a avivar el ingenio. Un ejemplo de ello son estas dos mesas de trabajo, que no crearán problemas al que dispone de poco espacio en la vivienda. A tal fin han sido concebidas las patas plegables y también los soportes sueltos y firmes.
La manera de realizar ambas construcciones se deduce fácilmente por las ilustraciones y sus correspondientes comentarios.
La mesa montada sobre asnillas es particularmente interesante. Hay que considerar que las propias asnillas pueden ofrecer otras posibilidades que las de soportar el tablero de trabajo: por ejemplo, para labores de construcción y reparación en la casa y poder montar un andamio. El material esencial es madera escuadrada de sección 6×4 cm, ya cepillada y que puede adquirirse fácilmente en muchos establecimientos. El tablero se realiza con aglomerado de 13 mm de grosor, regruesado en todos sus lados con un listón cortado a inglete de 4,5 x 1 cm de sección.
Para la otra mesa se ha utilizado, a guisa de tablero, una puerta prefabricada de 3,9 cm de grosor. Pueden encontrarse con las mismas dimensiones estándar (200 x 100 cm) otros grosores que difieran en pocos milímetros. Las patas que aguantan este tablero son de pino carente de nudos (maderos de 8 \ 3,8 cm de sección). Las trabas diagonales deben tensar muy bien las patas cuando la mesa esté desplegada, pues ésta perderá su estabilidad si en este punto central hay cierto huelgo.
El acabado de ambas mesas puede hacerse a base de barnizado o lacado.
Entre las instalaciones más importantes, después de la casa, está el área que hace de las comidas en exteriores la ocasión más frecuente y agradable de sacar partido a los jardines de la parcela.
Se puede decir que habiendo espacio para ello, su construcción es de primera necesidad.
Si todavía no cuenta con un lugar suficientemente dotado de utensilios necesarios para un buen asado, esperamos que estas indicaciones para confeccionar una barbacoa de hechura fácil y bien implementada, le estimule a realizar esta pequeña obra de albañilería.
Para construirla se utiliza ladrillo industrial tipo Princesa, denominado Rejilla Standard, de 24 por 11,5 por 9.0 centímetros. Si emplea de otras medidas, se alterarán las dimensiones de la barbacoa; pero en caso de que la diferencia esté sólo en la altura del ladrillo, deberá aumentar o disminuir las hiladas para obtener la altura total adecuada, entre 85 y 90 centímetros.
Primero el radier.
Conviene realizar previamente un pequeño radier de dos metros por 80 centímetros y de 10 centímetros de altura, con ayuda de las instrucciones entregadas en el número 15 de agosto de 1993 de MiP. En este radier se dejan enterrados espárragos de fierro estriado de 8 mm -más conocido como fierro de construcción- y de una longitud de 1,10 m. Estos se ubican de tal modo que coincidan con los orificios de los ladrillos en los quiebres y extremos de muro, como se observa en la figura 2. Los esquemas se basan en el tamaño real de los ladrillos a usar, de modo que se eviten los cortes o parches innecesarios.
Recuerde marcar los niveles en listones auxiliares, a fin de construir la albañilería en buena forma. Para pegar los ladrillos entre sí, prepare un mortero de pega regular, con una proporción de una parte de cemento por cuatro de arena, más una cantidad de agua suficiente para formar una masa moldeable. La hilada “A” es la primera a realizar. Sobre el radier previamente mojado, se coloca una cantidad de mortero tal que, terminado, tenga una altura entre 1 y 1,5 centímetro. Se van colocando los ladrillos con mortero también en su costado, y las diferencias de tamaño e irregularidades se dejan hacia el lado menos visible de los muros. Una vez terminada la hilada A, se coloca mortero en su superficie y se construye la hilada B.
Posteriormente se alternan las hiladas C y B, situando siempre entre ellas la hilada A. La idea consiste en que no coincida la junta entre ladrillos en dos hiladas consecutivas, para lograr una buena trabazón de los muros. No obstante, haga un máximo de cuatro hiladas en el mismo día.
Terminaciones.
Los espárragos se doblan al terminar la hilada número siete del ejemplo, y sobre ellos se construye la hilada final -la número ocho del dibujo-, que se confecciona colocando los ladrillos de cabeza, dejando una superficie más ancha. Esa diferencia queda hacia afuera, como remate en la parte frontal, y hacia el interior en la parte de atrás. En la zona de la asadera se deja para afuera.
Los costados de los ladrillos que quedan con los huecos a la vista, se cubren con mortero mezclado con fragüe para baldosines cerámicos.
En el hueco central de la asadera se colocan perfiles de fierro en L de 30 por 30 mm, a 15, 25, 55 y 65 centímetros del borde superior. Los dos inferiores son para apoyar una bandeja de metal con los bordes doblados y, en lo posible, con una altura de unos 8 centímetros para contener el carbón encendido; los superiores, para ubicar una parrilla de fierro. Ambas deben adecuarse a las medidas, de modo que puedan regularse en dos alturas. En los espacios laterales se distribuyen a gusto bandejas de madera impregnada, para guardar el carbón, chambrear el vino tinto y tener a mano los aliños, platos y ensaladas. Finalmente, la albañilería se limpia y barniza con barniz hidrófugo.
El azul vivo de las molduras y la cenefa de la moqueta (izquierda), el anaranjado de la puerta y sus plafones (abajo) y el rojo detonante del asiento de la tapa de W.C. (página de la derecha, arriba), aportan profundidad y énfasis a objetos que se suelen descuidar.









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